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sábado, 26 de marzo de 2011

"Que se maten entre ellos", "mejor, un flaite menos", "nada de DD.HH. con esa gente"... ¿suena familiar?

Un hombre mató a dos detectives en San Bernardo.

La reacción en los medios no se hizo esperar (Aclaro de inmediato que condeno el asesinato de los dos funcionarios de la Policía de Investigaciones y que este comentario no es para defender al asesino ni mucho menos. Quien los haya matado cometió un crimen atroz que me causa ira e indignación).PDI1.jpg

Seguí los comentarios de muchos en redes sociales. Quedé sorprendido. 

Una opinión común fue del tipo "siempre hablan de los derechos humanos de los delincuentes, pero ¿acaso ellos respetaron los derechos humanos de sus víctimas?". En un principio y para el oído no entrenado esto puede sonar razonable. Pero si se le mira bien, es no sólo una contradicción, sino una aberración.

Los delincuentes son... ¡bueno! ¡delincuentes! No podemos esperar que respeten los derechos de los demás. Si lo hicieran, no serían delincuentes. Por lo tanto, decir que no debemos respetar los derechos humanos al tratar con ellos porque ellos no respetaron los de sus víctimas es... ¡absurdo! No existen delincuentes que respeten los derechos de sus víctimas. Por lógica, la opinión dada por muchos y citada en el párrafo anterior es incoherente.

Pero es más que eso, como ya dijimos: Es una aberración. ¿Debe una sociedad civilizada dejar de serlo porque uno de sus miembros actúa incivilizadamente? ¿Debemos cambiar nuestra estructura y valores morales porque hay gente que vive sin respetarlos? Los que piden que no respetemos los derechos humanos al tratar con delincuentes están pidiendo que como sociedad renunciemos a nuestros principios morales, que nos pongamos al nivel de los delincuentes. Si como sociedad hiciéramos eso, entonces habrá ganado precisamente aquello que, se supone, tratamos de combatir: El desorden, el caos, la ausencia de derecho, la ley del más fuerte.

La idea no es que la ley se respete porque sus custodios son más fuertes. La idea es que la ley se respete porque es lo correcto. Por supuesto, si alguien no quiere obedecer la ley y pone en peligro la integridad física o la propiedad de otros, es necesario usar la fuerza. Pero esto debe ser dentro del marco de la ley. No propiciando el caos.

Vámonos a algo simple y práctico. Si un individuo roba a una señora, huye por la calle, es alcanzado por otros transúntes y estos lo detienen ¿debiesen darle una golpiza? Si lo hacen, están rebajándose a ser tal como el ladrón. Por dos razones: Están haciendo uso de la ley del más fuerte, tal como el ladrón hizo con la señora (no creo que intentaran golpear al ladrón si se vieran solos y en inferioridad física); y, segundo, están transgrediendo una ley. Nada nos autoriza legalmente a dar una golpiza a otro individuo. Lo que la ley permite hacer es detener al ladrón y entregarlo a la policía, que a su vez debe ponerlo a disposición del tribunal, todo esto sin mediar apremios físicos innecesarios. Dicho de otra forma, una vez que tenemos al ladrón en el suelo y afirmado... una patada en las costillas no es legal.

Pero no sólo no es legal. Es absolutamente incorrecta moralmente. De hecho, la razón por la que está hecha la ley es, se supone, para reflejar la moralidad de nuestra sociedad. Las leyes se hacen a partir de las normas morales de una sociedad, y no al revés. No veo sino cobardía en quien agrede físicamente a alguien que ya está reducido, sin importar si ese individuo previamente cometió un delito. Quien actúa así suele decir "ah, pero él no respetó a nadie y abusó de la señora así es que yo ahora abuso de él"... ¿Se va a poner a nivel del ladrón? ¿Se va a poner a nivel del delincuente? ¿Va a transformarse en delincuente también? ¿Va a permitir que un individuo moralmente degradado influya en su propia escala de valores? ¿Tan débil es su propia percepción de lo bueno y lo malo, de lo correcto y lo incorrecto? ¿Así de moldeables y frágiles son sus principios?

Esta actitud se extiende a otros ámbitos. Cada vez que hay noticias de un hombre asesinado en La Pintana o La Legua, o cualquier otro lugar con mala fama social, oigo o leo a personas opinar "que se maten entre ellos", o "mejor, un flaite menos". 1282125776_114366537_1-CUIDADO-NOTEBOOK-72099951-LA-PINTANA-1282125776.jpgPara empezar, asumen que el individuo es una lacra social por el mero hecho de vivir en un barrio estigmatizado. Como si en esas zonas no viviera nadie honesto. Pero peor aun, asumen que la vida humana no es valiosa si vives en esas zonas. Aun si el muerto se trata de un delincuente (que no siempre es el caso) ¿es una muerte violenta algo que debamos celebrar? El muerto muerto está, nada se puede hacer al respecto. No nos escucha, ni nos ve, ni sabe de nuestras reacciones. Por tanto, el que yo me regocije en su muerte y en su forma de morir sólo me rebaja a mí. Me hace menos humano. Me reduce a un individuo que tiene una escala moral bastante cercana a la del delincuente: Me deleito en la desgracia ajena, no me importa el sufrimiento de otros, usaría en mi favor cualquier ventaja sobre otros, sin que me importe si son ventajas legítimas o no, o si sus usos son legítimos o no.

Lamento decir que estas opiniones son muy comunes en la sociedad donde vivo. Suelen provenir de personas que a su vez hablan en contra de los peruanos, bolivianos y mapuches. Es decir, suelen provenir de quienes, en el fondo, no respetan la vida ni la dignidad humana. Es una pena. Es deprimente.

Somos complejos los humanos

domingo, 5 de septiembre de 2010

Guerra civil fría... y en Chile

Hace unos días (no muchos) salí con unos amigos. Anduvimos en el metro, en diferentes partes de Santiago, en calles, tiendas y parques. Fue un día grato. De verdad. Reveló, sin embargo, algo que ya hace tiempo percibo. Y es muy triste.

Estamos en guerra. Y no una guerra cualquiera: Es una guerra civil. Tampoco es cualquier guerra civil: es una guerra civil fría. No hay batallones ni batallas con nombres. Nada es oficial. Todo es como a escondidas, refutable. Todo lo que ocurre parece poco evidente, y se puede desmentir. A menos que nos fijemos con atención y sin prejuicios.

Mis amigos son de La Pintana. Nacieron allí, se criaron allí. Hablan con el acento típico de esa zona. Hasta cierto punto, se visten de un modo peculiar de su barrio, aunque no muy marcadamente. Bromean y juegan de la forma que es común en donde crecieron. O sea, en estas cosas son diferentes a como sería alguien criado en Providencia, o en Ñuñoa.

Estos son los factores que hicieron que en una exposición fotográfica en el Metro un guardia se les acercara y los vigilara de modo especial. Lo mismo ocurrió en el Patio Bellavista. Y aún peor fue lo sucedido en una tienda a la que entramos a comprar.

Los que atendían la tienda rápidamente levantaron la mirada cuando percibieron el acento con el que se hablaron mis amigos entre ellos. Luego, los que atendían la tienda se intercambiaron miradas de preocupación. El que estaba frente a mí volvió a mirar a mis amigos con una expresión que era mezcla de miedo y desprecio. De ira y de frustración. Entonces notó que yo lo estaba observando. Y me dijo "¿Andan con usted?" Mi respuesta fue "Sí, ¿por qué?". Aunque conocía la respuesta, quería oírla. Sin embargo, la expresión del rostro del hombre que me hablaba cambió nuevamente: Ahora estaba sorprendido, me atrevo a decir avergonzado. Y me dijo como apresurado: "No, es que, este ... para atenderlos, como apuntaban ahí"...

Yo no nací en La Pintana. Nací en Ñuñoa, me crié en Providencia. He viajado a otros países, y hablo otros idiomas. Mi acento es "de gente decente". Por algo tranquilizó al tendero saber que esos "flaites" andaban conmigo. (Pongo entre comillas los términos que creo están equivocados, pero pasan por la mente de la mayoría)

Desde mi posición, francamente entiendo a ambos grupos. He vivido en barrios pobres, de hecho he vivido en La Pintana, y conozco esa realidad mucho mejor de lo que aquí puedo expresar. Por otro lado, me pongo en los zapatos del tendero: He tenido negocio, y una vez fui asaltado por personas jóvenes que hablaban con un acento similar al de mis amigos.

La reflexión a la que invito se explica más fácilmente si llevamos la situación al extranjero. No son pocos los españoles que han sido asaltados por chilenos que van a España precisamente a eso: A robar. De hecho en Europa hay quienes usan el término "chilenos" para referirse a los ladrones (lanzas, diríamos en Chile) que suelen estar en los centros turísticos.

Ahora pregunto: ¿Te gustaría ir a Europa y que la gente te mire con miedo y desprecio cada vez que hablas? Ellos justificarán su actitud, si se les enfrenta, diciendo que es así como hablaba la persona que los asaltó el año pasado. Tú comprenderás que eso es injusto, porque tú no tienes la culpa de tener el mismo acento que unos delincuentes que no están relacionados contigo excepto por haber nacido y haberse criado relativamente cerca. ¿Y quién tiene razón?

Hace algún tiempo una australiana de visita en Santiago filmó el momento en el que transeúntes atrapaban a un delincuente. Al ser entrevistada por la televisión chilena, la muchacha no se mostró sorprendida por la existencia de delincuentes. Lo que comentó muy impactada fue la golpiza salvaje que la gente le dio al delincuente cuando ya estaba reducido, atrapado, inmovilizado. Golpes de puño y de pie. Completamente innecesarios, si el hombre ya estaba reducido e inmovilizado.

¿Por qué la multitud golpeó así a una persona ya inmovilizada? Porque afloró todo el miedo y el desprecio que tienen guardados. La misma mezcla que leí en el rostro del tendero que miraba a mis amigos: Horror e ira. Desprecio y miedo.

Hemos inventado una norma de hablar, conducirnos y vestir que "nos sirve" para diferenciar a los buenos de los malos. Nuestra cabecita queda más tranquila, al parecer, cuando cree que puede distinguir al que nos hará daño con sólo mirarlo u oírlo. Se nos pasa un poco el miedo cuando creemos eso. Aunque persiste la ira: Y la dirigimos contra todo aquel que -según esa norma que hemos creado- es malo. A esa gente mala le llamamos "flaites".

El problema es que si tú vistes con ropa ancha y escuchas reguetón (sé que no lo escriben así, pero me da lo mismo) sin audífonos en el bus, muchos te catalogarán de "flaite". Y aunque nunca en tu vida hayas robado, inmediatamente al caer en la categoría de "flaite" para muchos (casi todos) te has convertido en ladrón, abusivo, "lanza", y todo lo que se odia y desprecia. Y si se da la ocasión, todo el odio y desprecio acumulado por la gente se volcará en tu contra. No está lejos el día cuando un grupo de "gente normal" encontrará una excusa y golpeará a un "flaite", aunque no sea más que un chico al que se le ocurrió vestirse con ropa ancha y escuchar reguetón. No será necesario que delinca delante de todos, como en el caso que grabó la australiana. Sus antecedentes penales se dan por sentado debido a que cumple con las características de "flaite".

Parezco exagerado para algunos, muy probablemente. Pero te invito a pensar en qué es lo que sientes cada vez que te encuentras con alguien así en el transporte público, o en la calle o en el centro comercial. ¿No lo evitas, acaso, por temor a ser asaltado?

Recuerda que mis amigos visten, se comportan y hablan como lo hacen porque eso es lo normal para ellos. No le ven ninguna relación a su acento con delinquir. De hecho, no son delincuentes. Los conozco. Tal como tú también tienes un acento al hablar, que no lo decidiste, sino que se fue formando inevitablemente debido al ambiente donde creciste y te desarrollaste.

La Guerra Civil Fría de Chile comenzó hace mucho. Espero que no llegue a estallidos de violencia masivos. Aunque creo que me equivoco, y sí sucederán. Vimos un ejemplo de eso en los vecinos que en algunas partes de Chile se organizaban con palos y armas de fuego en mano para esperar a la hordas de "flaites" que los vendrían a asaltar tras el terremoto del 27 de febrero. Lo cierto es que Carabineros en Santiago, al menos, aseguró que ninguno de los llamados que recibieron denunciando multitudes haciendo saqueos en Santiago resultó ser cierto. Las "hordas de flaites" asolando la ciudad y las casas de la "gente decente" estaban en la imaginación.

Podría seguir dando más datos y visiones del tema, pero me extendería demasiado. Quiero dejar planteado el tema y dejar material para más adelante.

Siéntanse libres de comentar, debatir, rebatir (con respeto, como he intentado que sea este escrito).

A todo esto, lo que vivimos con mis amigos se parece bastante a lo que se ve en este vídeo. Cambian algunos personajes, pero en el fondo la discriminación es igual de absurda