domingo, 22 de mayo de 2011

Paz

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No tiene color político. Tampoco es religiosa ni atea ni agnóstica. No tiene género, y casi no tiene edad. La violencia es transversal. La Historia ha visto que la usan religiosos, ateos, hombres, mujeres, niños, adultos, jóvenes, izquierdistas, derechistas, civiles, uniformados, etc. Y ha sido a nivel global, internacional, nacional, estatal, regional, local, de pueblo, de barrio, de pandillas, de familias, o intrafamiliar; incluso ha habido millones que la han usado contra sí mismos: El nivel personal también debe mencionarse como permeado por la violencia.

¿Qué hay dentro de nosotros, extraños seres, que nos lleva a agredir y destruir lo que ha costado construir, y muchas veces no puede recuperarse? ¿Por qué llega ese momento en el que consideramos justificable lo que en otras circunstancias habríamos condenado? ¿Por qué golpear a otro de pronto es lo correcto? ¿Quién decide cuándo matar no es asesinato sino un acto heroico, poniéndole nombres como "defensa de la patria" y similares?

¿Por qué hay ocasiones en las que encontramos un regocijo perverso en el sufrimiento ajeno? (Quien diga que nunca ha conocido este regocijo o es un mentiroso o es un santo) ¿Qué nos hace gritarle a nuestros hijos —por los que siempre decimos que daríamos la vida— y hacerles daño sicológico y emocional? ¿Cómo puede alguien que sufriría enormemente sin su pareja darle una bofetada a ésta? ¿Cómo somos capaces de ver a alguien llorando, afligido, y seguir diciéndole palabras hirientes? ¿Por qué herimos a quienes decimos amar?

¿Por qué es tan fácil hacer que una multitud sea destructiva, y tan difícil hacerla constructiva? ¿Por qué es tan fácil hacer enojar y tan difícil hacer reír? ¿Por qué tomamos partido por nuestros países en contra de otros sin siquiera detenernos a pensar que nuestros gobernantes pueden estar equivocados, o incluso ser malvados, y estar arrastrándonos a un verdadero crímen en contra de ese otro pueblo o nación?

¿Por qué, si lloramos por sus efectos, no nos resolvemos a no dejarle espacio? ¿Por qué nos permitimos la violencia?

Somos complejos los humanos.

jueves, 12 de mayo de 2011

Economía ¿una ciencia dogmática?

¿Le gusta escuchar programas de radio o leer artículos sobre economía? Aparentemente, a la amplia mayoría de las personas no mucho. Sin embargo, hay más interesados en el tema de lo que parece, y aun entre los que no se sienten apasionados por él hay muchos que se informan aunque sea un poco sobre el asunto. Y no debe sorprendernos: La economía nos toca a todos. Cada vez que sube el precio de los combustibles todos nos vemos afectados, de un modo u otro, por citar sólo un ejemplo. 

Por eso, cada vez que un economista habla lo escuchamos con atención, tratando de quedar lo mejor informados posible sobre lo que se nos viene encima y cómo se verán afectados nuestros bolsillos. Confiamos en que los economistas son profesionales; que la economía es una ciencia. Y, por favor, no me malinterpreten: No estoy diciendo que no lo sea. Sin embargo, convengamos —cuando menos— en que está muy lejos de ser una ciencia exacta. En ella hay mucho de especulación y de opinión personal. Es en esto, lo de la opinión personal, donde yace lo no científico, y —por tanto— donde radica el peligro al que quiero apuntar: El dogmatismo.

Muy pocas veces he oído a un economista criticar el sistema económico. Máximo discute si el Banco Central debe o no bajar la tasa de interés, o si el Gobierno debe o no intervenir para detener la caída del dólar. Pero ¿cuántas veces han oído a un economista cuestionar la existencia misma del Banco Central? ¿o el papel del Estado en la Economía? ¿o la existencia —ya que estamos en ello— del Estado? 

La forma como se habla de economía da a entender que el sistema es incuestionable.

No dije "infalible". Dije "incuestionable". Muchos economistas sí han apuntado a las fallas del sistema. Pero, en general, tratan de solucionarlas —si es que realmente tratan— con elementos del mismo sistema. No plantean la idea de cambiarlo.

En otras palabras, tratan el sistema económico como si fuera un elemento de la naturaleza. Son menos revolucionarios e innovadores que los mismos biólogos, muchas veces, que han intentado —con diferentes grados de éxito— alterar genéticamente especies, o cosas similares. Lo que olvidamos, entonces, es que lo que la economía estudia no es un volcán o una célula —que estaban aquí antes que nosotros—, sino una serie de hechos, conductas e instituciones que nosotros mismos inventamos. Somos los creadores de quello que la ciencia llamada economía estudia. Por lo tanto, no hay motivo alguno para tratar a ese objeto de estudio como si fuera inalterable, incuestionable por parte de nosotros, sus creadores.

En esto, la economía es una ciencia más cercana a la sociología que a la biología, ya que estudia tendencias que hemos ido formando nosotros mismos, no elementos que estaban aquí antes de nosotros. Y hasta de ésta se diferencia en el hecho que la sociología estudia fenómenos y conductas que se dieron sin diseño previo, sino por la suma involuntaria de diversos elementos. En cambio, la economía estudia hechos e instituciones que se formaron a propósito. Sus creadores los diseñaron. 

No reconocer este hecho y hablar de economía como si el sistema fuera inalterable es dogmático, no es científico. La ciencia, por definición, es lo opuesto del dogma. Lo paradójico es que por la forma como se tratan las opiniones de los economistas, como si fueran hechos científicos y no opiniones, hacemos de la economía una "ciencia dogmática". 

Admito que a esta altura de la historia el sistema económico global es complejo, y requiere de estudio. No es eso lo que discuto. Tampoco cuestiono el que hay muchas partes del sistema que surgieron como una necesidad del mismo, sin mayor diseño por parte de algún humano. Pero, por favor, no hablemos de la economía como si se tratara de geología o biología. No hablemos de ella como si fuera inalterable, inmodificable.

¿Tiene alguna importancia práctica esto? ¡Claro que sí! Cada vez que surge alguna persona con la idea de modificar el sistema económico, o que simplemente no se traga los dogmas de los economistas, es tratado como "poco científico" por parte de la gran mayoría de los economistas. Pero, recuerden: En ese momento los economistas están dando una opinión, no enunciando un hecho científico.

Por eso, cuando se habla de elecciones y se incluye la opinión de un economista, éste, la infinitamente mayor parte de las veces, tenderá a "satanizar" a aquellos candidatos que plantean modificar el sistema, aquellos que no ven el sistema económico como algo inalterable. Lo tratarán de irresponsable, aterrorizándonos con apocalípticas visiones del futuro de nuestros bolsillos. Y como nosotros no somos economistas, y ellos sí, los escuchamos como un paciente escucha a un médico, sin atrevernos a cuestionarlos. De ese modo, muchos electores —muchos más de los que se cree— cuando llegan a la urna hacen lo que los economistas dogmáticos les han dicho. Esto ha sido un factor clave en la perpetuación del sistema injusto en el que vivimos.

Por eso, la próxima vez que oiga a un economista, escúchelo con respeto a sus amplios y acuciosos estudios. Pero recuerde que lo que él ha estudiado es un sistema que otros humanos, como usted y como yo, diseñaron e implementaron; y no siempre con buenas intenciones. Algo, por tanto, que tenemos todo el derecho a modificar. No deje que lo asusten demasiado sus visiones "armagedónicas" del futuro ante la posible elección de un candidato que quiere cambiar el actual sistema económico lleno de injusticias. No permita que triunfe el dogmatismo.

La economía no es un volcán. Es una máquina.

Somos complejos los humanos.

martes, 3 de mayo de 2011

¿Por qué respetar los derechos humanos?

  • "El Gobierno de Obama, en vez de estar gastando dinero de los contribuyentes en proteger los derechos de los terroristas, debiese estar gastándolo en perseguirlos"
  • "Ahí qué derechos humanos, ni nada, si hay una guerra declarada. O sea, el tipo tiró un par de aviones contra unos edificios, no hay nada que respetarle"
Hay cosas que uno debe ganarse, como la confianza, y la mayoría de los tipos de amor. Pero otras que no tienen que ver con lo que uno haga para ganarlas o perderlas, sino que simplemente es lo natural que todos las tengamos: El amor de los padres, los cuidados, la alimentación y las atenciones concienzudas de la madre cuando somos bebés, etc.

La forma como algunos hablan de los derechos humanos muestra que creen que éstos son algo que pertenece al primer grupo: No es natural ni mucho menos inalienable e intrínseco de todo ser humano, sino algo que debe ganarse y que puede, en consecuencia, perderse.

Las citas de arriba son de un líder del partido Republicano de E.U.A., la primera, y de un hombre de radio en Chile, la segunda. Hablan de los derechos humanos de personas acusadas de terrorismo contra objetivos estadounidenses. Según ellos, estas personas han perdido el derecho a ser tratadas como todos los demás. Han actuado de tal modo que ya no tienen derechos.

Ni siquiera voy a mencionar la posibilidad de que estos acusados lo sean por error, y que pudieran ser inocentes de lo que se les imputa. Aunque esto es parte del tema, y es muy serio, para simplificar la exposición daremos por sentado que los acusados son de hecho responsables de los hechos que se les imputan. Suponiendo que ese sea el caso ¿hay alguna razón por la que debamos respetarle algún derecho a estos individuos? ¿o sus acciones los han desnudado de todo derecho posible, y cualquiera puede venir y ponerles una bala en la cabeza o tratarlos humillantemente?

Sí hay una razón por la que debemos seguir respetando sus derechos humanos fundamentales. Y es muy simple. Nosotros no somos como ellos. Así de sencillo. Se supone que los terroristas inhumanos e incivilizados son ellos. Sus ataques contra la sociedad civilizada buscan hacer que ésta se destruya. Cuando dejamos que la ira (incluso la justa) nos ciegue y nos haga actuar incivilizadamente, han ganado. Han hecho que nuestra sociedad deje de ser lo que se suponía que era, una organización elevada y culta, y se ponga al nivel de salvajes que sólo obedecen a sus impulsos e instintos. Nos hemos transformado en aquello que decimos combatir, que buscamos castigar.

Los derechos humanos no se ganan ni se pierden. Nadie, por malo que sea, deja de tener la dignidad que el mero hecho de ser humanos nos da. Respetar esa dignidad nos hace civilizados. No la respetamos porque los demás se lo han ganado. La respetamos porque nosotros somos civilizados. Dejar de respetar los derechos básicos del ser humano nos convierte en algo bastante menos que básico: En algo retrógrado.

Es una pena que haya quienes valoren tan poco la vida y la dignidad de sus congéneres. Con eso, se den cuenta de ello o no, están abaratando sus propias vidas.

Somos complejos los humanos.






jueves, 14 de abril de 2011

Por qué prefiero ser paciente.

Un amigo me contó hace poco que se había pasado la semana comiendo solamente yogurt con cereal. No había tenido dinero para más que eso. Lo notorio del caso es que me contó esto por Internet, y al momento de hacerlo estaba comiéndose su último yogurt... y esperando que le depositaran dinero en la tarde. Su caso me hizo pensar en cómo reaccionaría yo en una situación similar. He aquí lo que pensé.

¿Qué hacer cuando una persona está haciendo algo que a uno le molesta? Digamos, por ejemplo, que mientras uno está en una plaza, sentado disfrutando el aire libre, llega alguien cerca y se pone a fumar, lanzándonos (con o sin intención) su humo a nuestras narices. ¿Qué hacer? ¿Le pedimos que deje de hacerlo? ¿Lo ignoramos? ¿Nos cambiamos de lugar?

Aunque hay muchos factores que pesar para tomar una decisión en un caso como este —entre ellos el grado de peligrosidad que haya en el barrio, la posible reacción del fumador, etc.— he notado que para muchos lo más importante al momento de decidir qué acción tomar es hacer una demostración de poder, un despliegue de sus habilidades para intimidar. Es como si estuvieran esperando tener una buena razón que les sirva de excusa para dejar aflorar lo que me atrevo a llamar su agresividad.

Para estas personas de las que hablo la paciencia es una muestra de debilidad. El diálogo sereno y apacible, la mansedumbre, la humildad y la modestia son todas cualidades indeseables a su vista. He oído a muchos decir que si uno manifiesta alguna de estas características la gente lo atropellará y pasará por encima de uno cuando quiera.

Veo con pesar que lo que alguna vez se enseñó como una virtud, hoy tiende a verse como un defecto. Creo que esta visión de la paciencia está equivocada.

Para empezar, ser capaz de controlar los impulsos propios, incluida la agresividad, lejos de ser una señal de debilidad es un síntoma inequívoco de poder. Una persona que no es capaz de controlarse a sí misma no es confiable ni fuerte. Es predecible, manipulable (es cosa de aprender a irritarlo para dominar su estado de ánimo y acciones) y, por lo tanto, débil. En contraste, quien puede mantenerse sereno incluso frente a la provocación será un desafío para los que busquen irritarlo. No será manipulado con facilidad. Su autodominio será su mejor arma: Tomará mejores decisiones, guiadas por el análisis y no por impulsos brutos.

Además, el efecto que una persona serena y paciente tiene en los que le rodean (incluso los hostiles) es muy práctico. En general será más escuchado y su opinión más respetada que la de una persona enajenada gritando descontroladamente. Es probable que con su tono de voz calmado y sus gestos libres de agresividad pueda bajar la guardia de quien venga predispuesto a una riña, logrando así no sólo evitar un conflicto, sino llegar a una solución más rápida y efectivamente.

El miedo no es respeto, y quien intimida a otros no es valorado por ellos. En cuanto se dé la ocasión, muy probablemente los que se hayan sentido mancillados en su dignidad o atemorizados cobrarán revancha. Pasarán la factura. Andar por la vida intimidando a otros no sólo es moralmente asqueroso; también es muy poco inteligente. 

A todo esto, mi amigo mencionado al principio es un verdadero ejemplo de paciencia. Mientras conversábamos él sin duda debe haber tenido hambre. Aun así no me transmitió amargura ni ninguna emoción negativa. Todo lo contrario. Fue una conversación muy optimista, hasta alegre. Me dio mucho ánimo, de hecho. Es otro triunfo de la paciencia. No dejó que esos factores externos le arrebataran su esencia, su verdadera personalidad.

La próxima vez que me enfrente a una situación como la del fumador impertinente en la plaza pesaré varios factores antes de decidir qué hacer. Pero, cualquiera sea la determinación que tome, haré mi más sincero esfuerzo para que no sea el resultado del deseo de desplegar agresividad e intimidar, sino de un análisis socegado e inteligente. Quizás en algunos casos cambiarme de banca realmente sea la mejor opción, la más simple y menos problemática. ¿Para qué dejar que una persona impertinente me arruine un día, una hora, o un minuto de mi corta vida?

Somos complejos los humanos.

sábado, 26 de marzo de 2011

"Que se maten entre ellos", "mejor, un flaite menos", "nada de DD.HH. con esa gente"... ¿suena familiar?

Un hombre mató a dos detectives en San Bernardo.

La reacción en los medios no se hizo esperar (Aclaro de inmediato que condeno el asesinato de los dos funcionarios de la Policía de Investigaciones y que este comentario no es para defender al asesino ni mucho menos. Quien los haya matado cometió un crimen atroz que me causa ira e indignación).PDI1.jpg

Seguí los comentarios de muchos en redes sociales. Quedé sorprendido. 

Una opinión común fue del tipo "siempre hablan de los derechos humanos de los delincuentes, pero ¿acaso ellos respetaron los derechos humanos de sus víctimas?". En un principio y para el oído no entrenado esto puede sonar razonable. Pero si se le mira bien, es no sólo una contradicción, sino una aberración.

Los delincuentes son... ¡bueno! ¡delincuentes! No podemos esperar que respeten los derechos de los demás. Si lo hicieran, no serían delincuentes. Por lo tanto, decir que no debemos respetar los derechos humanos al tratar con ellos porque ellos no respetaron los de sus víctimas es... ¡absurdo! No existen delincuentes que respeten los derechos de sus víctimas. Por lógica, la opinión dada por muchos y citada en el párrafo anterior es incoherente.

Pero es más que eso, como ya dijimos: Es una aberración. ¿Debe una sociedad civilizada dejar de serlo porque uno de sus miembros actúa incivilizadamente? ¿Debemos cambiar nuestra estructura y valores morales porque hay gente que vive sin respetarlos? Los que piden que no respetemos los derechos humanos al tratar con delincuentes están pidiendo que como sociedad renunciemos a nuestros principios morales, que nos pongamos al nivel de los delincuentes. Si como sociedad hiciéramos eso, entonces habrá ganado precisamente aquello que, se supone, tratamos de combatir: El desorden, el caos, la ausencia de derecho, la ley del más fuerte.

La idea no es que la ley se respete porque sus custodios son más fuertes. La idea es que la ley se respete porque es lo correcto. Por supuesto, si alguien no quiere obedecer la ley y pone en peligro la integridad física o la propiedad de otros, es necesario usar la fuerza. Pero esto debe ser dentro del marco de la ley. No propiciando el caos.

Vámonos a algo simple y práctico. Si un individuo roba a una señora, huye por la calle, es alcanzado por otros transúntes y estos lo detienen ¿debiesen darle una golpiza? Si lo hacen, están rebajándose a ser tal como el ladrón. Por dos razones: Están haciendo uso de la ley del más fuerte, tal como el ladrón hizo con la señora (no creo que intentaran golpear al ladrón si se vieran solos y en inferioridad física); y, segundo, están transgrediendo una ley. Nada nos autoriza legalmente a dar una golpiza a otro individuo. Lo que la ley permite hacer es detener al ladrón y entregarlo a la policía, que a su vez debe ponerlo a disposición del tribunal, todo esto sin mediar apremios físicos innecesarios. Dicho de otra forma, una vez que tenemos al ladrón en el suelo y afirmado... una patada en las costillas no es legal.

Pero no sólo no es legal. Es absolutamente incorrecta moralmente. De hecho, la razón por la que está hecha la ley es, se supone, para reflejar la moralidad de nuestra sociedad. Las leyes se hacen a partir de las normas morales de una sociedad, y no al revés. No veo sino cobardía en quien agrede físicamente a alguien que ya está reducido, sin importar si ese individuo previamente cometió un delito. Quien actúa así suele decir "ah, pero él no respetó a nadie y abusó de la señora así es que yo ahora abuso de él"... ¿Se va a poner a nivel del ladrón? ¿Se va a poner a nivel del delincuente? ¿Va a transformarse en delincuente también? ¿Va a permitir que un individuo moralmente degradado influya en su propia escala de valores? ¿Tan débil es su propia percepción de lo bueno y lo malo, de lo correcto y lo incorrecto? ¿Así de moldeables y frágiles son sus principios?

Esta actitud se extiende a otros ámbitos. Cada vez que hay noticias de un hombre asesinado en La Pintana o La Legua, o cualquier otro lugar con mala fama social, oigo o leo a personas opinar "que se maten entre ellos", o "mejor, un flaite menos". 1282125776_114366537_1-CUIDADO-NOTEBOOK-72099951-LA-PINTANA-1282125776.jpgPara empezar, asumen que el individuo es una lacra social por el mero hecho de vivir en un barrio estigmatizado. Como si en esas zonas no viviera nadie honesto. Pero peor aun, asumen que la vida humana no es valiosa si vives en esas zonas. Aun si el muerto se trata de un delincuente (que no siempre es el caso) ¿es una muerte violenta algo que debamos celebrar? El muerto muerto está, nada se puede hacer al respecto. No nos escucha, ni nos ve, ni sabe de nuestras reacciones. Por tanto, el que yo me regocije en su muerte y en su forma de morir sólo me rebaja a mí. Me hace menos humano. Me reduce a un individuo que tiene una escala moral bastante cercana a la del delincuente: Me deleito en la desgracia ajena, no me importa el sufrimiento de otros, usaría en mi favor cualquier ventaja sobre otros, sin que me importe si son ventajas legítimas o no, o si sus usos son legítimos o no.

Lamento decir que estas opiniones son muy comunes en la sociedad donde vivo. Suelen provenir de personas que a su vez hablan en contra de los peruanos, bolivianos y mapuches. Es decir, suelen provenir de quienes, en el fondo, no respetan la vida ni la dignidad humana. Es una pena. Es deprimente.

Somos complejos los humanos